EL PRIMER AÑO

A mí marido y a mí siempre nos ha gusta salir de la ciudad los fines de semana: pasear por el bosque, ir a la montaña, hacer deporte, ir en bicicleta o a tomar una paella en algún restaurante cerca del mar. De esta manera desconectamos y cargamos pilas para la siguiente semana.

Pero últimamente entre los virus y otros temas familiares nos estamos quedando en casa. Pasamos el finde coloreando, jugando al escondite, yendo al parque, bailando y enganchando pegatinas (a mi hija le chifla). Por suerte vivimos cerca de la playa, así que el domingo por la mañana cogimos la bici y nos fuimos a dar una vuelta. Hacer ejercicio teniendo retoños es muy complicado, así que esta es una buena manera de ponernos un poco en forma.

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Antes que naciera India, hacía mucho deporte, combinaba el running con la natación y el Yoga con Pilates. Ahora lo único que hago son ejercicios de brazos con sus diez kilos de peso y mis clases de Pilates (una tarde a la semana, es sagrado).

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Soy de las que opina que un hijo te cambia por completo la vida. Te la llena de felicidad, pero te la cambia.  Este fin de semana, entre pintura y pintura me vino una pregunta a la mente ¿Cuándo fue la última vez que disfruté de un domingo de sofá, tele y manta? … Ni me acuerdo!!! Esas largas siestas hasta las seis de la tarde desaparecieron y creo que no volverán en mucho tiempo. Si bien es cierto que no hay tiempo para tumbarse y descansar, tengo que confesar que me encanta jugar con ella.

Este sábado nuestra hija cumplió dieciséis meses, y cada día que pasa la disfruto más, cada día la quiero más y  cada día me quedan más lejos esos primeros meses tan complicados. Hace poco leí un estudio que hablaba de lo duro que es el primer año como madre. Yo no diría duro, diría durísimo. Este estudio habla de lo “solas, perdidas y confundidas” que nos sentimos las madres primerizas, como yo. De repente dejamos la vida de antes al margen, dejamos de ser mujeres, amantes, trabajadoras y amigas. Dejamos de miraros al ombligo para mirar el de nuestro hij@. Vivimos en una permanente duda ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Seré una buena madre? Sufrimos el dolor del post-parto, de la lactancia, sufrimos con los cólicos de nuestros pequeños, dormimos mal y por si fuera poco, nos volvemos “gestoras de sentimientos”  intentando encontrar un equilibrio para que nuestra pareja no se sienta olvidada ni desplazada.

Sí, para mí el primer año ha sido muy duro, lo confieso y me sorprende que muchas no hablen de ello y se limiten a contar lo maravilloso y bonito que es la maternidad (no creo que sea la única que me haya sentido así…). Pero hay que reconocer que poco a poco vamos conociendo el llanto de nuestros bebés, vamos entendiendo que quieren y que necesitan, sabemos sus miedos e inquietudes, lo que les gusta y lo que no y vamos viendo cómo crecen. Sorprendentemente a medida que pasan los días van despareciendo los malos momentos para dar paso a los buenos. Sin darte cuenta tu pequeñ@ cumple un año y deja de ser un bebé para convertirse en una “personita”,  y tu poco a poco vas olvidando esos primeros meses tan duros.

Aprovecho esta reflexión para compartir un video que vi cuando mi hija estaba a punto de cumplir un año y con el que lloré a mares… Se lo dedico a todas esas madres que han superado el difícil primer año y a las que están a punto de hacerlo. Feliz cumpleaños mamá!!

Os adjunto un vídeo aquí!

Twitter: @laiaferrer Instagram: Laia Ferrer

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