DÍA MUNDIAL DEL CÁNCER DE MAMA

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“Una de cada ocho mujeres sufrirá cáncer de mama” me dijo un día Elena, mi ginecóloga. Y a ELLA le tocó, con tan solo 34 años.
Hoy, en el día mundial contra el cáncer de mama os traigo su testimonio, el de mi amiga y ginecóloga que por desgracia le ha tocado vivir esta experiencia. Espero que este humilde artículo pueda ayudar y difundir lo que significa esta terrible enfermedad. Gracias Elena por dejarme escribir tú historia y por compartir tus vivencias, para que sirva de ayuda a muchas mujeres que como tú, un día se descubrieron un bulto en el pecho. Os aseguro que este articulo está escrito des del corazón y entre lágrimas.

Era lunes por la noche, cuando saliendo de la ducha se notó un bulto en el pecho izquierdo, así que al día siguiente al llegar a la clínica lo primero que hizo fue hacerse una eco mama, y allí vio que ese bulto no tenía buena pinta. “En ese preciso momento empezó la pesadilla, fue un infierno de pruebas, pinchazos, resonancias… no me podía creer que me estuviera pasando a mí.” Una situación de incertidumbre y miedo que viven todas las mujeres que han pasado por ello. “En el momento que tu médico te dice que tienes cáncer te invaden un montón de  preguntas ¿Por qué a mí? ¿Y ahora que voy hacer? ¿Se me caerá el pelo?….” Pero por encima de todas ellas, hay una pregunta aterradora que va unida a la palabra cáncer: ¿Me voy a morir? “Eso fue lo primero que le pregunté a mi doctor.” La supervivencia por cáncer de mama ha mejorado notablemente en los últimos 20 años, aunque por desgracia siguen habiendo casos de mortalidad.

“Recuerdo que cuando me confirmaron que tenía un tumor, llamé a mi madre y le dije: Mamá tengo cáncer, ven. En esos momentos necesitas más que nunca el apoyo de la gente que te quiere para sentirte arropada y empezar asimilar lo que te está pasando. Un proceso largo que no es nada fácil, porqué te torturas preguntándote él ¿Por qué a mí? Y no existe respuesta. En ese momento dejé de ser médico para convertirme en paciente.”

Al cabo de siete días del diagnóstico, empezó la quimioterapia, que consistía en doce sesiones las doce primeras semanas y luego cuatro sesiones cada veintiun días. “La quimio es muy dura, pero tienes dos opciones o quedarte en casa y llorar y llorar y llorar… o coger el toro por los cuernos e intentar sobreponerte…y es lo que hice.” Su fuerza de voluntad y sus ganes de salir adelante hacían que al día siguiente de sus sesiones de quimio se fuera al gimnasio, una forma de despejar la mente, estar en forma para afrontar la siguiente sesión y no quedarse en casa lamentándose. “Cada semana hacia un esfuerzo sobrehumano por levantarme de la cama y salir de casa, pero tenía que hacerlo para intentar seguir con la vida que lleva antes. Mi único objetivo era ganarle la batalla al cáncer y me aferraba a vivir. Intentaba ser normal, por mí, pero sobre todo por las personas que estaban a mi alrededor.”

Aunque la vida no es la misma que la de antes, el cáncer te cambia, mentalmente y físicamente. Esta es una de las partes más duras, el cambio físico. Elena, como la mayoría de las mujeres, es presumida, le gusta arreglarse, pintarse y sentirse guapa. Además tenía uno de los pelos más bonitos y brillantes que he visto nunca. “Cuando vi que se me empezaba a caer el pelo no me quería ni duchar, me daba miedo lavármelo porqué sabía que se me caía a mechones. En ese momento no sabes si quieres peluca, pañuelos… no tienes ni idea… y alguien me dijo: si amiga, tú quieres una peluca.  Así que me compré una y me rapé!”

Evidentemente la parte médica es muy importante, pero está claro que el tema estético también lo es y nadie está preparado para sufrir un cambio tan radical de la noche a la mañana. A nadie le gusta mirarse al espejo y no reconocerse. “Para mi estar calva no fue lo peor. Lo más duro fue quedarme sin cejas. Sin ellas pierdes la expresión de la cara y se apaga la mirada.”

Luego está el malestar y los sofocos. La quimio es veneno y lo mata todo, lo malo y lo bueno “Me ardía el cuerpo por dentro. Sabía que se me iban a caer las cejas porque me quemaban, notaba como el veneno naranja llegaba hasta mi cara.”

Son muchos los efectos secundarios, y a cada una le afectan de manera distinta. Para Elena,  los sofocos fueron muy duros, pero gracias a la acupuntura pudo sobre llevarlos mejor. Y es que nadie te sabe decir, exactamente, lo que te va a pasar.  “Cuando te enteras que tienes cáncer, te sientes perdida, no solo a nivel medico (y eso que ella es ginecóloga), sino también con todo lo que conlleva, y no sabes por dónde empezar ni dónde acudir.”

Después de cinco meses acabó la quimio y a la semana la operaban. Esta es la segunda gran parte del cáncer de mama.

Elena decidió sacarse los dos pechos porque no quería volver a pasar por lo mismo y reconstruírselos en la misma operación. “La cirugía no me daba miedo, para mí era como un alivio, la parte final del proceso.” Pero no fue así. Después de la operación vino la radioterapia que le necrosó la piel de la mama y tuvieron que volverla a operar. “Cuando el médico me dijo que tenía que volverá  pasar por el quirófano me derrumbé, fue el debacle. Tras la cirugía y los buenos resultados de la anatomía patología, en mi mente, todo se había acabado, estaba superando mi duelo. Y eso fue como volver al infierno. No estaba preparada para ello.”

Los pechos son una parte muy importante para las mujeres, son  nuestro símbolo de la feminidad y conllevan una implicación psicológica que va mucho más allá de lo físico. A Elena casi no se le notaban las cicatrices de la primera intervención, pero sabía que esta segunda cambiaba por completo el escenario. Tuvieron que sacarle un injerto de piel y musculo de la espalda para ponérselo en los senos. “Al principio no era capaz de mirarme desnuda al espejo, pero pasan los días y no te queda otra. Con el tiempo vas viendo que no están tan mal y te acostumbras a tu nuevo cuerpo. Si tengo cicatrices en los pechos, pero todos tenemos alguna que otra cicatriz. A día de hoy las cejas, las pestañas y el pelo ya me han crecido, incluso se me vuelve a enredar (se ríe). Me vuelvo a  mirar al espejo y me veo guapa. Vuelvo a ser yo, con el pelo corto, pero el yo físico. La Elena de antes nunca volverá. Creo que ahora, soy la mejor versión de mí. La madurez en la vida te lo dan los años vividos o las experiencias vitales. Y la experiencia vital que me ha tocado vivir, a los 34 años, me ha cambiado por completo. A veces aun  pienso que todo esto ha sido un mal sueño, pero ha pasado de verdad. Sigo con la medicación que me deja menopaúsica y es durísimo… te duele todo… pero como ya sé que va a ser así, le doy la vuelta a la tortilla e intentó verle el lado positivo. Por ahora tengo controles cada 3 meses y sé que voy a convivir el resto de mis días con mis cicatrices, físicas y emocionales.”

Elena se queda con una frase que oyó un día: “Dicen que el tiempo cura las heridas, no estoy de acuerdo, las heridas perduran. Con el tiempo la mente, para proteger su cordura, las cubre con cicatrices y el dolor se atenúa, pero nunca desaparecen.  Es muy grave y muy fuerte lo que conlleva el cáncer y nunca olvidaré ni un solo día de este infierno vivido. He tenido la gran suerte de tener a mi lado, en todo momento, a mi familia y amigos, sin los cuales no lo habría superado. A veces me dicen que soy valiente y fuerte, pero no lo soy más que cualquier mujer que pasan por esto. Todas ellas lo son auténticas luchadoras. Yo aprendí a ver el lado positivo a las cosas, aunqué en muchos momentos con esta enfermedad te parezca mentira poder encontrarlo.”

A Elena le ha cambiado la vida, pero también a toda la gente que lo hemos  vivido con ella, porqué el cáncer lo padece uno pero lo sufren todos. Gracias Elena por  enseñarnos a apreciar lo verdaderamente importante en la vida y por enseñarnos a disfrutar de cada momento vivido.

Un comentario en “DÍA MUNDIAL DEL CÁNCER DE MAMA

  1. Tengo el honor de conocer a esta gran Mujer, se me nublan los ojos al leer estas líneas y percibir lo que ha podido sentir, vivir esa dura etapa de la batalla contra el cáncer. Entiendo y siento por lo que pasó, ya que hace 17 años viví la experiencia de la enfermedad con mi madre, su operación, su quimio, su tristeza, su dolor…. y como Elena dice esto nunca se olvida. Sólo quiero decirte, estas preciosa, eres muy grande por dentro y por fuera y las cicatrices sean del tipo que sean, aunque estén , sólo importan con los ojos que se miren. Yo te miro desde el corazón y te digo CAMPEONA, sigue con tu bella sonrisa, optimismo y calidez humana. Tu me has dado lo mejor de mi vida, que es mi hijo, ya sabes lo que pienso de ti, pero no esta de más volver a agradecer todo el acompañamiento que tuve de tu parte, contigo todo fue más fácil, siempre estarás en nuestras vidas, tu también eres parte de Jan.

    Un beso cálido Elena

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