COSMÈTICA NATURAL

Cada vegada són més les persones que se senten atretes per la cosmètica natural. En alguns casos, perquè determinats problemes de pell i intoleràncies ens obliguen a buscar opcions més saludables com la cosmètica natural. En altres casos, perquè la nostra consciència i sensibilitat en exigeixen un compromís amb el medi ambient, l’ecologia, el consum responsable i sistemes de mercat més solidaris i justs.

Jo l’he descobert recentment i em semblen increïbles els seus beneficis, així com el “poder” dels olis essencials.  Així que ara que s’acosta l’estiu, aquí us deixo tres receptes de cosmètica natural molt fàcils de fer a casa, per preparar la pell.

RECEPTES:

1- Crema per preparar la pell abans i després del sol, a més a més és anti-arrugues, anti-estries i calmant.

Ingredients: Oli d’oliva i Pastanagues
Materials: Ganivet, Rallador, Envàs buit i Un pot de vidre

2- Exfoliant corporal de cafè. Amb el marro de cafè i oli d’oliva o sèsam i unes gotes de llimona. És anti-estries, anti-cel·lulitis.

Ingredients: Marro de cafè, Oli de sèsam i Llimones
Materials:GanivetUn bol de vidre

3- Aftersun ultrahidratant.

Ingredients:Oli de coco o Oli d’oliva i Alvocats madurs
Material:Un bol de vidre, Ganivets, Per triturar (turmix),Forquilla i Envàs vidre

Podem posar aquests olis essencials:

Verbena Exòtica:  és un  regulador, ajuda a equilibrar i alliberar el greix de la pell. La seva  olor és cítrica molt agradable, a més a més és anit-cel·lulitis, repel·lent de mosquits i aporta bones vibracions.

Ylang- Ylang: és una flor asiàtica, tonifica la pell, evita la deshidratació de les cèl·lules, antiinflamatori i és afrodisíac!

Romaní alcanfor: és molt regenerador i cicatritzant, anti-cel·lulitis, tracta la caiguda del cabell, purificant, circulatori.

Gerani Rosat: Ajuda a activar la circulació, regenera la pell, tonifica, reafirma i cicatritza. És ideal per tractar les estries.

Cedre d’atles: crema els greixos i és anti-cel·lulitis.

Espígol: calma les pells després del sol, ideal per tracta les cremades. També és antiinflamatori i va bé pels dolors muscular. Ideal per utilitzar com after-sun.

Si voleu saber més podeu entrar a la deliciosa botiga/taller de AtelierBio.

¡MAMÁS EMPRENDEDORAS!

 

Hoy quiero hablar de un fenómeno que vengo observando des de hace tiempo a través de blogs e Instagram: Madres que se reinventan. Cada vez son más las mujeres que al tener un hijo se replantean “su vida profesional” y acaban creando proyectos tan bonitos como los que hoy os quiero presentar.

Madres que han empezado hacer “cosas” para sus peques y que al final han decidido comercializarlo. Mujeres valientes que no han vacilado al crear su propia marca. Mamás emprendedoras. Hoy os presento a cinco, pero hay muchas más. Aquí mi pequeño homenaje a estas mamás que admiro.

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¡¡¡UN NUEVO SUPER PODER!!!

Y no soy superwoman, por favor,
Ni soy mala madre,
Ni soy madre perfecta,
Ni soy sólo madre…
Soy todas y ninguna, solo soy yoNo una más!
Y sólo en el imaginario de mis hijos, quiero ser supermamá!
Catalina Echeverry

Después de unos meses de desconexión total, activo de nuevo el blog para seguiros contando mis historias como mamá, mujer, esposa, amiga, compañera, trabajadora…en fin , lo que la sociedad llama, “Super Woman”. Porqué desde que he vuelto a trabajar he adquirido un nuevo Super Poder, el de VOLAR. Tengo la sensación que todo el día voy con como un cohete. Me levanto pronto antes de que los peques se despierten para ir al trabajo, me ducho volando, desayuno volando, bajo al parking volando, cojo el coche (aquí ya no puedo volar más porqué el dichoso tráfico no me lo permite), trabajo, salgo volando, llego a casa, cojo a #babyNico volando, me voy a buscar a #littleIndia volando, vamos al parque y luego a casa para hacer cenas, baños y ponerlos a dormir y todo eso…VOLANDO! Y claro cuando los tengo a  los dos dormiditos, me desmayo en el sofá, mis alas ya no me dan para más….

Ese es el resumen de mi día a día, de lunes a viernes, y si os soy sincera me gustaría sustituir este súper poder por el de tele transportación (creo que sería más útil) o el de duplicación (que no se si existe, pero ¿no me diréis que no estaría mal poder estar en dos sitios a la vez?). Porqué lo que llevo peor de  mi vuelta  a la “rutina” es que apenas veo a mis peques, y eso se me hace muy duro, después de ocho meses de estar 24 horas con ellos.

Estoy contenta de haber vuelto a ser una “persona normal”, creo que va muy bien volverá  trabajar. Ya os lo he contado más de una vez, creo que es necesario volver a ser una misma, volver a  tener ese pequeño espacio que es nuestro trabajo para desconectar la mente de pañales, papillas y biberones. Volver a tener conversaciones normales y volver a sentirnos útiles y no solo ser mamás. Pero eso no quita que eche de menos a #BabyNico y a #LittleIndia, y que me invada un sentimiento de pena al pensar que me estoy perdiendo muchas horas de su infancia.

Y es que el tiempo pasa muy rápido. Sin ir más lejos, en un abrir y cerrar de ojos, #LittleIndia ha empezado P3, el “cole de los mayores”, como dice ella. ¡Un éxito total! He de confesar que me siento tremendamente orgullosa de mi pequeña, ni un llanto, ni una mala cara, va feliz como una perdiz y eso me deja 100% tranquila. No le ha costado nada la famosa “adaptación”. Evidentemente ayuda que en una clase, de veinticinco, ocho sean de su anterior guardería, aunque no es lo mismo el parvulario que el colegio. Creo que me ha dado más pena a mí que a ella, es un gran cambio en su vida y en la nuestra, la princesa de la casa se nos hace mayor.

Por suerte aún tengo a mi “bebote”, aunque si me despisto dejará de serlo. #BabyNico cumple hoy nueve meses!! Una fecha emotiva, ya que a partir de hoy llevará más tiempo fuera, que dentro de mí. Y como ha cambiado en estos primeros nueve meses… #BabyNico ya gatea, se levanta solo a la que pilla un punto de apoyo, balbucea todo el rato como intentando hablar, es cariñoso, bueno como el pan, casi no llora y sobre todo es el  niño más simpático que he conocido en mi vida. Y no es solo amor de madre (que también) pero de verdad que SIEMPRE tiene una sonrisa en la boca. Es puro amor.

Así que como veis, ha llegado septiembre y con él la rutina y mi“vida normal”, la de una MADRE DE DOS, con sus alegrías y sus penas, sus más y sus menos y sus días buenos y malos. Porqué somos madres, pero no perfectas. A veces no podemos llegar a todo y no por eso no debemos sentirnos culpables, porqué nos llaman Super Womans pero a mí nadie me ha preguntado que súper poder quiero yo. NO somos SUPER WOMANS, simplemente intentamos ser SUPER MAMÁS.

¿Si pudieseis escoger un SUPER PODER, cuál sería?

Feliz semana amigas!

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16 semanas

 

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Hoy tendría que haber vuelto a trabajar. Hoy se me acaba la baja maternal. Hoy finalizan las 16 semanas o lo que es lo mismo los 112 días. Hoy se supone que debería dejar a mi hijo al cuidado de otra persona o en la guardería. Hoy debería sacarme leche durante todo el día para dejarle preparado biberones o directamente dejar la lactancia materna y pasar a la leche de formula. Hoy me debería haber independizado de mi hijo. Hoy es el día que muchas mujeres temen, el día de separarse de su bebé de tan solo 3 meses y medio. Hoy quiero reivindicar que las 16 semanas de baja maternal son totalmente insuficientes!! Y os explicaré porqué.

Mi bebé de 16 semanas sigue despertándose cada 3 horas por la noche para comer, esta noche lo ha hecho a la una, a las cuatro, a las  seis  y a las nueve.  No puedo decir que no duerma, claro que duermo entre toma y toma, el problema es que no descanso como para luego poder rendir al 100% en el trabajo. Pero que tome pecho, cada tres horas, no es solo una fuente de alimentación que se pueda substituirse con biberones, va mucho más allá, dar el pecho también les proporciona placer, seguridad, tranquilidad y un vinculo con la madre que no se debería cortar prematuramente. Y aunque hayas decidido no dar el pecho, un bebé hasta los seis meses es una extensión de la madre, necesita olerla, notarla, sentirla, y no es hasta esa edad que el niño empieza a percibir que es un individuo aparte y empieza a explorar el mundo como un ser independiente. Separarles antes no es recomendable.

Además los seis meses es el mínimo marcado por la OMS y la Asociación Española de Pediatría para la lactancia materna. Una baja maternal de 16 semanas interfiere en ese punto y lo hace prácticamente inviable.

Y luego está la parte emocional. Tras los primeros  dos meses que son los más duros por un cansancio extremo y una sensación de que no llegas a nada, llegan las 16 semanas donde tu bebé empieza a interactuar . Es el momento en que se empiezan a estrechar los lazos efectivos y donde muchas mujeres empiezan a disfrutar de la maternidad… y es entonces cuando tienes que separarte de tu hijo para volver a la rutina. Es un momento muy duro donde nos podemos sentir angustiadas, tristes, culpables e incluso sufrir ansiedad, y es evidentemente no beneficia al bebé.

Yo he optado por alargar un poco más mi baja maternal pidiendo a la empresa un permiso no remunerado (excedencia) por cuidado de los hijos, quiero dar a mi hijo el pecho en exclusiva hasta los seis meses y no perderme estos primeros meses tan importantes y que ya no volverán. Que nadie se  vaya a pensar que son vacaciones porqué no lo son. Al tomar esta decisión estamos aparcando por un tiempo nuestro trabajo para hacer otras tareas, y no siempre es fácil. Es muy importante en estos casos tener apoyo emocional por parte de la pareja ya que la crianza tiene momentos duros y poco agradecidos en los que la mujer se puede sentir poco valorada y sola. Y en muchas ocasiones se echa de menos la independencia y la sensación de sentirse realizada que da el trabajo.

Yo tengo la gran suerte de poder hacerlo, pero seguro que hoy ha habido muchas mujeres que después de 16 semanas se han tenido que reincorporar a sus puestos de trabajo y se les ha roto el corazón al separarse por primera de su bebé.

Ya dije anteriormente que la baja paternal de solo 15 días me parece un insulto, ahora añado que la baja maternal de la mujer me parece una verguenza e insuficiente y que el gobierno debería replantearse este tema, al menos hasta los seis meses de vida del bebé. ¿Verdad que en muchas cuestiones miramos lo que hacen nuestros países vecinos de Europa y queremos ser como ellos? Pues señores, ¿Por qué no copiar esto también?

¿ Qué opináis? ¿Como vivisteis ese momento de volver a trabajar?

VUELTA A LA REALIDAD

Después de nueve meses de ir a todas partes con tu hijo en la barriga, después de dieciséis semanas de baja maternal, llega el temido día D. D de duro, D de disgusto o D de  dramático. A nadie le gusta la idea de volverá a la rutina, pero creo que lo que más nos duele es separarnos tantas horas de nuestros retoños.

Este fin de semana volvió la Formula 1, campeonato que curiosamente dura lo mismo que dura un embarazo, 40 semanas, y con su regreso se cumplió un año de mi vuelta al trabajo, y recordé lo duro que fue la vuelta a la realidad….

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I es que nuestra sociedad no está pensada para madres trabajadoras. No entiendo como puede ser que la Asociación Española de Pediatría recomiende seis meses de lactancia exclusiva y solo tengamos dieciséis semanas de baja maternal (que son tres meses y medio) ¿Y qué hacemos entonces? Pues o nos pasamos a los biberones de leche artificial, o nos pasamos el día en la oficina sacándonos leche a escondidas (cosa difícil porqué el aparatito ese hace un ruido difícil de disimular) para, luego, guardarla en la nevera de la office entre los tuppers de los compañeros. Eso, o bien, si te lo puedes permitir coger un permiso (no remunerado, of course) para poder seguir dándole el pecho.

Por no hablar de con quien dejas esa cosita de tan solo tres meses y medio de vida. Las que tienen más suerte los pueden dejar con los abuelos, una extensión de nosotras. Pero no todas los tenemos cerca ni jubilados. ¿Entonces qué? ¿Los dejamos en la Guardería? Qué pena tan pequeños!!!  Pero si no hay más remedio… O bien, con una canguro, (este fue mi caso) aunque cuesta un dineral, pero al menos mi princesita estaba en casa. Eso sí entrevistamos a más de vente chicas hasta que dimos con la que nos gustó. Y aun así, dejándola en casa, con una chica que nos gustaba, el primer día que me fui a trabajar lloré. Esa cosita que había estado dentro de mi durante nueve meses, con la que no me había separado más de tres horas des de que nació (algún rato entre toma y toma que me escapaba a la estaticen o hacerme algún masaje por los dolores del parto y las séquelas del embarazo…) de repente estaría nueve horas sin verla. Pues claro que lloré. Ahora tiene casi dieciséis meses, va a la guardería y me sigue dando pena no poder pasar más tiempo con ella. Sobre todo los días que está enferma y me reclama más que nunca, pero no me puedo estar a su lado para cuidarla. Eso sí que me da pena.

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(Esta foto fue tomada uno de los primeros días que trabajaba, justo al llegar  a casa)

Pero es lo que hay. Y nos guste o no, nos tenemos que acostumbrar, nosotras y ellos. Aunque tengo que confesar que tampoco me gustaría dejar de trabajar para estar todo el día en casa. Doy gracias que tengo trabajo, un trabajo que me gusta. Además el trabajo te da estabilidad económica y es una gran vía de escape. Va bien ir al trabajo y volver a ser tú, solo tú, y no solo mamá.

Esto es lo que más me gustó de volver a trabajar después de la baja. He dicho que lloré, sí es cierto, pero también me fue bien la vuelta a la rutina. Lo que siempre digo es que debería ser progresiva y no tan de repente.

Después de pasarte unos meses casi todo el día a solas con tu bebé, que lo único que dice es “gu-gu-ga-ga” y estar esperando que vuelva tu marido del trabajo para poder tener una conversación de adultos, cuando vuelves a trabajar vuelves a tener, todo el día, conversaciones normales. Es tu micro-mundo donde ya no hablas de cuantos pañales has cambiado al día, de cómo ha hecho la caca o de cuantas tomas le has dado. Vuelves a ser tú, con nombre y apellido. Tu otro yo, y el yo-mamá se queda en casa esperando a que regreses.

Te vuelves a arreglar, te vuelves a maquillar (una tarea prácticamente imposible las primeras semanas de vida del bebé) y poco a poco vas recuperando esa esencia de tu “yo” que durante muchos meses habías olvidado por completo.

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Aun así, cuando te conviertes en madre, asumes que durante el resto de tus días, o al menos por un largo tiempo, vas a tener dos trabajos. El “oficial-remunerado” y el de mamá. Un trabajo que te exige disponibilidad las 24 horas, sin descanso, a veces sin ni siquiera poder dormir, los 365 días del año y todo esto sin ganar ni un solo céntimo. Aprovecho para recordar compartir un video que demuestra lo sacrificado que es ser madre.

Os adjunto un vídeo aquí!

Hoy somos mujeres, madres, esposas, amantes, trabajadoras y/o empresarias. En la gran mayoría de casos llevamos el peso de la casa,  los horarios de los hijos, sabemos que les toca comer, que ropa tienen y que les falta, si tienen deberos o no y que día tienen la fiesta de cumpleaños de un compañero de clase. Sin quererlo ni beberlo la sociedad  nos exige ser super-mamà: ser la mujer perfecta, estar perfecta, ser la trabajadora perfecta y ser la madre perfecta y todo esto con una gran sonrisa.

En mi caso tengo que dar gracias por el marido que tengo. El lleva el peso de la casa, y yo el de la peque, en este sentido lo tenemos bien repartido. Sé que no es habitual así que soy consciente de la gran suerte que tengo. “Gràcies amor!”

Pero lo mejor de todo, es que aun estando disponibles las 24 horas del día, sin descansar, a veces sin dormir ni comer, los 365 días del año,  lo hacemos con el amor más grande del mundo sin esperar nada a cambio.

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Twitter: @laiaferrer Instagram: Laia Ferrer

Mami and Mini

Cuando era niña mi juego preferido siempre fueron las muñecas. Tenía la habitación repleta de ellas, con sus vestidos, biberones, cepillos para el pelo, pañales, cunitas y carritos de paseo. Podía pasarme horas jugando con ellas; combinaba sus ropas, cocinaba para ellas, las mareaba con interminables paseos por el piso y todo ello con un sueño en mente; tener algún día una muñeca de verdad.

Pues bien, el 21 de octubre de 2013, ese precioso sueño se hizo realidad. Mi hija India, una muñeca pelona y rubita, con ojos grandes y labios carnosos llegó a nuestras vidas.

Se parecía mucho a aquella de antaño, y ciertamente era una auténtica muñeca, pero con algo distinto, esta venía sin manual de instrucciones!!! A diferencia de las que tenía cuando era pequeña, a ella no se le podían sacar las pilas para que dejara de llorar. Esta pequeña muñeca, con un olor muy especial, no se conformaba con biberones ficticios, pedía pecho a todas horas. Mi muñeca no era de plástico, ella sentía el frio y el calor, los retortijones de los primeros cólicos, y lo más importante, sentía y siente mi amor. Un amor único, un amor verdadero, un amor incondicional.

Creo que el amor de madre es el amor más puro que existe en el mundo. Desde el instante en que me pusieron aquella cosita encima, recién salida de mi cuerpo, aun sucia, morada e hinchada supe que era la mejor muñeca que nunca había tenido. Y aunque no tiene nada que ver con las que tenia de niña, pasados bastantes años, he vuelto a jugar a muñecas. La visto, la desvisto, hago combinaciones con su ropa e incluso he aprendido a tricotar para poder hacerle gorritos y bufandas. Lo que aprendes siendo madre…!!!

Jugetes

Ahora con mi hija de quince meses vuelvo a jugar a muñecas (o “bebes”) como ella les llama y con ella revivo lo que sentía siendo tan sólo una niña.

Twitter: @laiaferrer Instagram: Laia Ferrer

UN NUEVO VIAJE

Me he pasado los últimos seis años de mi vida viajando. He pisado los cinco continentes. He estado en las grandes capitales: Tokio, Melbourne, New York, Sao Paulo, Montreal, Kuala-Lumpur, Shanghái, Londres, Milán, Delhi, Bahréin, Abudabí… He pasado los últimos seis años de mi vida durmiendo 170 días del año fuera de casa, es decir casi seis meses en camas ajenas. He reído, he llorado, he sufrido jet-lag, he comido bien, he comido mal, he dormido en buenos y malos hoteles, y he trabajado mucho… Precisamente gracias a mi trabajo he podido ver mundo.

Mi vida ha ido a 300kilometros por hora des del 2007 a febrero de 2013, cuando todo cambió. Fue en un instante, cuestión de segundos, cuando un aparatito pequeño, de la medida de un boli, te da la mejor noticia de tu vida. A partir de ese momento, aunque tú no eres consciente de lo que eso va a significar (sobre todo en madres primerizas como yo), sientes que de algún modo ya no eres la misma.

A todo el mundo le cambia la vida al ser padre, y quien diga que no miente. Un hijo lo cambia todo. Cambia tu forma de ver las cosas, cambia tu relación con el mundo, con la pareja y con el trabajo.

Cuando una mujer con éxito laboral se convierte en madre, muchas veces, tiene que sacrificar una de las dos cosas: o el trabajo o el cuidado de los hijos. O trabajas todo el día al mismo ritmo que antes y no ves a tus hijos o te conviertes en malabarista buscando un equilibrio bueno entre  trabajo y familia, cosa que muchas veces te impedirá seguir con el mismo ritmo laboral que antes. Las salidas a las 9 de la noche de la oficina se habrán acabado. Con la maternidad aprendes a renunciar, tomes la decisión que tomes siempre renuncias a algo.

Yo decidí no viajar más. No me imaginaba mi vida de antes con una pequeña esperándome en casa. No me imaginaba dormir en la soledad de los hoteles mientras mi hija se despertaba por las noches llamando a su mamá ausente. Puse el freno de mano y mi vida de éxitos paso a un segundo plano. Sigo trabajando e implicándome al 100% en todo lo que hago, pero ya no viajo. Ya no tengo una vida excitante y envidiable, ya no estoy una semana en Australia, otra en Japón y otra en Brasil. ¿Lo echo de menos? Pues sí, claro que lo echo de menos, me encantaba mi trabajo en los circuitos de Fórmula 1. Pero no quiero que cuando mi hija sea mayor me recrimine que no he estado a su lado cuando me necesitaba y no quiere arrepentirme de haberme perdido su infancia.

Es cierto, ya no viajo por todo el mundo, ya no estoy semana si semana no haciendo y deshaciendo maletas. Pero es que ahora estoy en un permanente viaje. El viaje más completo, fascinante, mágico y cansado que existe. Con él he reído, he llorado, he vivido en un permanente jet-lag los primeros meses, ha habido días que he comido bien y otros que no he tenido tiempo ni de comer y me he pasado todo el día trabajando por esa personita pequeña que acaba de llegar al mundo y que depende de ti al 100%.

Gracias a mi trabajo he visto mundo, ahora gracias a mi hija estoy descubriendo un nuevo mundo. El de la maternidad.